Te susurran que cierres los ojos, apenas habiendo comenzado.
Caminas un sendero, largo, te dicen.
Donde tú quieras.
Andas acompasado, con pasos irregulares, a grandes zancadas,
despacio, corres, saltas.
Eres lo que quieras ser.
Escuchas lo que te rodea, atento o no, a lo que sucede.
Aprendes, no aprendes, poco, mucho, nada.
Puedes ser sabio, o listo, o todo lo contrario.
Avanzas. No ves el final. Sabes que puedes llegar a él, pero
te dicen al oído que aun queda mucho.
Antes de ello, te apetece abrir los ojos. Pero vuelven los
susurros, aconsejándote que no lo hagas, que no lo necesitas.
Lucha, olvídate de lo que te digan. Al fin y al cabo eres
dueño de tus decisiones.
Abre los ojos…
¿Era esto lo que te imaginabas? ¿Quizás no es lo que te
habían hecho creer? ¿Quién te ha distorsionado la que pensabas que era la
realidad?
Miras a tu lado izquierdo, y le pones cara a quien te
susurraba. Por un momento te sorprende su traje y corbata, y su maletín. Pero
poco a poco decides mirar hacia atrás.
El camino no es tan largo como parecía, no estás donde te habías
imaginado todas esas veces. Bajas la mirada a tus manos, están desgastadas. Esto no era lo que habías creído.
Sales de la sorpresa, sobresaltado por las carcajadas del
hombre que está a tu lado. Que sin parar de reír, se aleja lentamente, uniéndose
a un grupo de hombres similares.
Ahora comienzas a entenderlo.
Se acabaron las fábulas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario